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CONSTRUIR UN TENISTA

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El título del artículo no está escogido al azar. Un deportista, sea del ámbito que sea, en este caso hablamos de tenistas, pasa por una serie de fases donde cada una de ellas tiene que ser respetada. Cada una de estas fases sirve para poder armar al jugador desde los cimientos, para que, siguiendo la metáfora del cuento “los tres cerditos”, y el lobo sople la casa, ésta no se caiga. Si está construida mal, con prisas, saltándose pasos para acelerar el final, con materiales baratos; lo que obtenemos es una casa débil, con muchas probabilidades de que se derrumbe a la menor dificultad.

Cuando construimos la casa, es prioritario conocer el objetivo de hacerla. Igual que al formar deportistas.

En este caso es prioritario saber que no se busca formar un “superdeportista”, porque esto (muchas veces) implica robar de la infancia del niñ@ lo más preciado de ésta, el disfrute y la retroalimentación que da el deporte y la actividad física en esta fase.

No es incompatible ir formando deportivamente y permitir que l@s jugador@s disfruten del proceso en todos sus vértices. Debemos quizá empezar por definir en qué debemos formar. Bien; desde el punto de vista deportivo, el tenis reclama de una serie de demandas, por lo que necesitamos una serie de recursos. Éstos vamos a dividirlos en 4 dimensiones (más una), y serían: técnica, táctica, física y psicológica + entrenamiento invisible.

Las quedadas entre los jugadores alevines y benjamines de la escuela son una ocasión perfecta para construir “esta casa”.

Si hacemos un pequeño repaso a las necesidades del tenis, podemos extraer lo siguiente: al ser un deporte individual, de oposición, de alta intensidad, con alta dificultad motriz y también estar catalogado como deporte de parada y acción; los recursos que vamos a necesitar para practicarlos son muchos y variados, y éstos salen de las necesidades que demandan estas características anteriores. Por lo que podemos decir que el tenis necesita de una capacidad motriz y una coordinación buenos para su correcto desarrollo, vamos a necesitar también una buena forma física para completar tanto entrenamientos como partidos. Al ser un deporte de oposición necesitaremos establecer estrategias y tácticas para ejecutarlas y conseguir el objetivo. Y por último, necesitaremos de unas habilidades psicológicas para gestionar el desenlace tanto del partido como de los entrenamientos y carrera deportiva.

Siguiendo otra metáfora distinta a la de casa, podemos afirmar que; no debemos echar todos los ingredientes a la vez para preparar un bizcocho, éste requiere de unos pasos, de unos tiempos, y de unas mezclas para que por lo menos sea comestible. Estas quedadas nos sirven de “excusa” para ir cocinando poco a poco ese bizcocho. Es la cocina donde vamos dotando a los pequeños de los PRIMEROS RECURSOS que necesitarán a lo largo de toda su vida deportiva. Construir el sentido táctico de cara a un partido, aprender a parar el partido para pensar y bajar los niveles de arousal, alentar a que sean partícipes y autónomos en la preparación de su partido con el tiempo debido, proveer el raquetero con lo necesario, conocer la reglamentación de un partido, organizar sus entrenamientos, conseguir autonomía en el calentamiento y activación, disciplina táctica y un largo discurso de necesidades y recursos del que serán conocedores con el paso del tiempo y la insistencia y cariño del grupo de profesores y entrenadores que formamos la escuela.


COMUNICACIÓN ENTRENADOR – JUGADOR

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Al hablar de Inteligencia emocional lo hacemos desde la perspectiva de saber manejar las emociones, saber entenderlas e incluso controlarlas, de autocontrol. Pero se nos suele pasar una parte indispensable, ya que, la inteligencia emocional comprende mucho más que esas dos variables. Uno de los aspectos menos tratados es el referente a la Gestión de las relaciones. Hablamos de la comunicación interpersonal. Ésta nos es útil para cooperar con la gente, comunicar diferencias, resolver problemas sin armar líos y trabajar en equipo, entre otras utilidades.

Pongámonos en el supuesto docente de la comunicación con nuestros alumnos. Es requisito indispensable saber comunicarnos con ellos en muchas circunstancias. Para enseñar, para transmitir conocimiento, para corregir un gesto, para dar feedback de una situación, para corregir una conducta, para intervenir en una disputa. Son tantas las situaciones que se nos pueden dar en una pista de tenis como entrenador que es imposible ponerlas todas. Pero sí que estamos de acuerdo en que es una habilidad básica para manejar tanto a un alumno como a un grupo. De hecho, según sea nuestra comunicación, así será la relación que tengamos con nuestros alumnos. Es una variable a cuidar, a mimar y a trabajar.

Recordemos que es uno de los distintivos de la tan famosa inteligencia emocional.

Según diferentes estudios, existen 4 formas de comunicación interpersonal, explicadas grosso modo serían así:

  • Agresiva: Imponiendo nuestro punto de vista sobre el de la otra persona.
  • Pasiva: No cuestionar el punto de vista de la otra persona.
  • Asertiva: Intercambiar opiniones para acercar al otro interlocutor a nuestro punto de vista dotándolo de argumentos.
  • Pasiva – Agresiva: Implica mostrar el descontento frente a una opinión u acción de manera indirecta.

Es importante aclarar que las comunicaciones por sí solas no son ni buenas ni malas, sino que dependerá del momento, de la situación y del objetivo u objeto con la que se quiera usar.

Empezamos por la comunicación Agresiva. Este tipo de comunicación la solemos encontrar en relaciones jerárquicas de autoridad sobre sumisión (en el ejército por ejemplo). Es recomendable para determinadas situaciones (no todas y no siempre) con grupos poco autónomos y con poca motivación. Por ejemplo, al imponer unas normas de convivencia, uso de instalaciones, o un código de conducta. Incluso para la enseñanza directa, pero es interesante estudiar los momentos y el destinatario. Incluso acompañar de la razón o motivo por lo que se ha tomado esa opción. Es importante entender que la comunicación agresiva no es comunicación violenta, y que está exenta de gritos, insultos u otras formas vejatorias hacia el alumnos o el grupo.

La comunicación Pasiva es un estilo de expresión más reservado o restringido. Puede ser útil para mantener el equilibrio y la armonía en ciertos contextos. Es importante equilibrarla con la capacidad de expresar abiertamente pensamientos y sentimientos. En un contexto determinado puede ser útil, como por ejemplo ser el observador en un intercambio de opiniones dentro de un grupo.

El estilo de comunicación Pasivo – Agresivo no es saludable ni constructivo para los muchos contextos que nos vamos a encontrar en un entorno de enseñanza aprendizaje. Es un estilo de comunicación que no aborda el problema o discusión de forma directa y sí a través de comentarios o actitudes sarcásticas, irónicas o críticas veladas o disfrazadas que no se expresan abiertamente. Quizá en alguna ocasión, y siempre para llamar la atención del alumno se pueda usar para lograr un cambio en la actitud de la persona.

La comunicación Asertiva es la más indicada en casi cualquier contexto. Desde el punto de vista entrenador – jugador/grupo es excelente para establecer un ambiente positivo y facilitar el aprendizaje. Se tienen en cuenta las opiniones del resto y en función de ello se puede enriquecer mucho el aprendizaje en todos los sentidos. Va muy ligada al liderazgo democrático. Implica finalmente mantener un diálogo abierto entre profesor y alumnos para generar un crecimiento en el binomio de la clase. Quizá en edades muy tempranas, este tipo de comunicación no tenga tanto éxito ya que uno de los interlocutores no tiene aún la capacidad, ya no para razonar, sino para expresarse verbalmente. En este caso tendríamos que leer otro tipo de lenguaje, el no verbal. Y estar atentos para adaptarnos a las necesidades de aprendizaje del minitenista.

Finalizo con esta reflexión: Muchas veces tendríamos que pararnos y recapacitar en por qué siempre pensamos o tenemos la creencia de que: el problema está (siempre) en el receptor. Haciendo un análisis y reflexionando podríamos llegar a otro tipo de conclusiones. Yo por ejemplo dejo aquí una a debatir:

NO EXISTE EL ALUMNO EL ALUMNO PROBLEMÁTICO, EXISTE EL ALUMNO ABURRIDO

(siendo asertivos llegaremos a una conclusión productiva)


6 Claves para una mejor comunicación como factor reforzador del aprendizaje.

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Aprender es adquirir un cambio permanente. Da igual el contexto en el que queramos aplicarlo; conocimientos académicos, destrezas técnicas deportivas, conductas o en su forma más intrínseca, valores. Esa definición de aprendizaje es una definición universal.

Como padres queremos que nuestr@s hij@s aprendan todo lo anterior, y para ello usamos todos los recursos que tenemos a nuestro alrededor o a nuestra disposición. Uno de los recursos que tenemos a nuestro alrededor, y que muchos hemos vivido como positivo (y seguimos viviendo), es el deporte. Y ya se ha dicho muchas veces, el deporte es un vehículo perfecto para educar en valores y en su utilidad para el aprendizaje para la vida.

El aprendizaje se transmite a través de unas figuras o unos modelos educativos, que cuando somos pequeños nos sirven como escaparate de lo que es “ser mayor”, o, de lo “que se espera de nosotros”. A veces estos modelos los encontramos en internet, en la televisión, escuela, o en nuestro entorno más o menos cercano. De los 0 a los 12 años, una de las figuras educativas más influyentes son los padres (lo queramos o no). Posteriormente el abanico de figuras y modelos se abre un poco más (en base a la influencia).

Con todo esto, se nos debería venir a la cabeza una frase muy manida en el contexto cinematográfico: “que un poder conlleva una gran responsabilidad”.

Y es que, como agentes educativos que somos, tenemos la gran responsabilidad de hacerlo. Enseñarles a aprender. Ahora bien, ¿Cómo se hace esto?

Según los modelos de aprendizaje (conductista, cognitivista y social), las teorías del modelo conductista son de las más influyentes para modificar (aprender) en el sentido actitudinal. Y un gran pilar para adquirir cambios visibles. Los refuerzos son parte indispensable en este proceso. Por eso mismo, asociar un refuerzo a una conducta, o incluso no asociarlo, puede marcar la diferencia en muchos ámbitos.

Como ya demostraron Dweck, C. y Moser, S. (2017), los refuerzos en etapas formativas (según su orientación, hacia lo genético o a lo actitudinal) están presentes en la formación de una mentalidad fija o de crecimiento (link al artículo en alantenis.es). Y esto puede indicar una gran diferencia en cómo una persona encara los retos o las amenazas, ya sean deportivos, académicos, personales, sociales o profesionales en un futuro.

Un refuerzo puede orientar las funciones ejecutivas de una persona. Por ejemplo, su foco atencional. Veamos un ejemplo: Después de un partido es muy común interesarse por lo que ha hecho tu hij@, y solemos realizar unas preguntas para ello, éstas preguntas, sin quererlo, pueden estar diciéndole a tu hij@ algo que no queremos de forma consciente:

  • ¿Cómo has quedado, qué has hecho? – Traducción: Lo importante es el resultado, el resultado es lo más importante.
  • ¿Cómo has jugado? – Traducción: Si juegas bien eres importante para mi.

Después está la reacción que tenemos al escuchar la respuesta, que se ve en nuestra cara, en nuestro lenguaje no verbal. Ahí se confirma el refuerzo, y por lo tanto el aprendizaje que no queríamos instalar.

Si en lugar de preguntar por el resultado preguntamos por cómo lo ha pasado, o por si se ha esforzado en su partido, le estaremos transmitiendo una idea completamente distinta, que lo importante son las cosas que dependen de él para solucionar un problema; su actitud y sus valores. Por lo que el cambio permanente va a depender en gran medida de nosotros.

La comunicación y los refuerzos van a ser clave para generar un aprendizaje en un sentido útil o no:

  1. Trabaja el Autocontrol.
  2. Sugiere, no ordenes. Sustituye el “tienes que” por, ¿Qué te parece si…? No eres el entrenador.
  3. Sustituye el, “Te lo dije…” por “En qué puedo ayudarte para solucionar esto?
  4. En lugar de “Eres un…” cámbialo por “Me molesta que…” (actitudinalmente).
  5. Baja el altavoz y el tono agresivo. Así solo te harán caso por miedo.
  6. Necesitas argumentos y razones en lugar de agresividad, ironía o comportamientos pasivo-agresivos.

La calidad de tus relaciones personales, y por lo tanto, de su aprendizaje, va a depender de cómo uses tu comunicación y los refuerzos.


ATENCIÓN Y CONCENTRACIÓN

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Me planteo escribir este artículo para aclarar y disipar las dudas, mitos, cuentos y quimeras  sobre uno de los temas quizás más usados en el contexto deportivo, no solamente en el tenis, sino presente también en otros muchos deportes. La atención y la concentración.

La misión de éste es dar resupuestas a todas aquellas preguntas que nos hemos hecho (y seguimos haciendo) acerca de éstas dos habilidades cognitivas. Así que allá vamos.

  • Qué es la Atención: La atención se puede definir como la capacidad de seleccionar los estímulos relevantes para la consecución de determinadas tareas. La mayoría de veces es involuntaria. Dicho de otra forma, es la habilidad que tenemos para discriminar estímulos irrelevantes. Que sea en gran medida involuntaria nos ahorra muchísima energía. Se pueden distinguir dos dimensiones: Dirección: Externa e Interna por un lado, y Amplitud: Abierta y Cerrada por otro.
    • Externa-Abierta – Muchos estímulos externos: Público, pista, rival y bola.
    • Externa-Cerrada – Un estímulo externo: Bola en juego.
    • Interna-Abierta – Muchos estímulos internos: Planificación del juego o pensamientos intrusos
    • Interna-Cerrada – Un estímulo interno: Centrado en el autolenguaje interno.
  • Qué es la Concentración: La destreza que tenemos en mantener la atención en solo un estímulo de manera invariable y continua.
  • Para qué nos sirve en el tenis la Atención: Para seleccionar el pensamiento y los estímulos correctos, relevantes y controlables que nos permitan conseguir el objetivo que nos hayamos marcado. Discrimina los estímulos que son irrelevantes para que no afecten al rendimiento deportivo.
  • Para qué nos sirve en el tenis la Concentración: Para mantenernos enfocado en el estímulo correcto dentro del momento oportuno.
  • Se puede entrenar la Atención: Sí, educando (acostumbrando) al cerebro a seleccionar los estímulos correctos y discriminar los distractores potenciales.
  • Se puede entrenar la Concentración: Sí, si estamos comprometidos, y sobre todo, si conocemos y comprendemos en lo que tenemos que centrarnos.
  • Se puede mejorar la Atención: No, se puede entrenar la discriminación de estímulos y ser mejores en eso. Pero mi capacidad de atención no es un constructo (como la autoconfianza), ya venimos con la capacidad adaptativa de prestar atención. Solo es semántica.
  • Se puede mejorar la Concentración: Sí, pero no como tú crees… exactamente por el mismo motivo. Ya venimos genéticamente predispuestos para estar concentrados, ya tenemos esa destreza adquirida que irá desarrollándose con el tiempo y buenas rutinas. Lo que podemos hacer es cuidarla para no perderla a través de ciertos hábitos. Exáctamente lo mismo que haríamos con una habilidad física, por ejemplo; la velocidad o la flexibilidad.
  • Qué acciones son buenas para trabajar la Atención: (ya os doy un dato, no es suficiente con el trabajo en pista):
    • Un buen establecimiento de objetivos.
    • Un macrociclo bien diseñado.
    • Un plan de partido que incluya tareas y objetivos.
    • La visualización de esas tareas y objetivos.
    • Ejercicios de doble tarea con discriminación de estímulos irrelevantes.
    • Ejercicios que impliquen cambios voluntarios en la amplitud y dirección de la atención.
    • Preparación mental (mentalización) previa al partido/entrenamiento.
    • Practica las autoinstrucciones dirigidas hacia el estímulo correcto.
    • Test de Stroop, Stroop Effect o Modrian, son pequeños test en forma de retos que trabajan en este sentido.
  • Qué acciones son buenas para trabajar la Concentración: (os doy el mismo dato, no es suficiente con el trabajo en pista):
    • Vigila tu nivel de activación.
    • Mantén unas rutinas fijas en los momentos de parada.
    • Comprométete con tu tarea y trabájala en los entrenamientos.
    • Crea un hábito.
    • Ejercicios de concentración sostenida. Hay muchos para trabajar en pista. Ej: ejercicios con retos, mantener un intercambio de 40 golpes (contándolos en voz alta) por ejemplo, que vayan en progresión y en aumento de dificultad. Jugar con dos bolas un peloteo paralelo, existe una gran variedad, pero lo principal no está en estos juegos.
    • Trabaja en el umbral de cansancio máximo.
    • Compartimenta los pensamientos.
    • Organiza las tareas a realizar en el entrenamiento o partido.
    • Rejillas de concentración alfanuméricas.

Aunque antes de considerar que tenemos problemas de atención o concentración, es aconsejable (necesario) acudir al psicólogo del deporte para que valore la situación y junto con el entrenador poder establecer la forma de trabajo más personalizada posible.

Recordad también que cada uno de nosotros tenemos necesidades y problemas distintos, por lo que el diseño de actividad tiene que ser prácticamente un traje a medida.

Consultad antes de poneros la tirita


LA PRESIÓN

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“Cuando era cadete y quería ganar el Campeonato de España era el número uno del ranking, y aparte, también quería ser campeón de España en todas las categorías. Era mi último año cadete y ya había quedado campeón de España sub15. En la primera eliminatoria no oía bien y todo me parecía borroso. El aliento lo notaba muy pesado y tenía una ansiedad que me hizo olvidar todo lo que ya sabía hacer. Todas las sensaciones fueron desapareciendo una por una; la diversión, la confianza, la disciplina, la concentración y también el físico. Perdí el asalto. No sabía qué hacer contra estas sensaciones y todo me parecía confuso. Odié cada segundo de ese asalto.

La sensación generada por la presión que menos me gusta es la incapacidad para moverme libremente y de forma fluida. Hoy en día, o por lo menos en las últimas competiciones lo que más frustración me generaba era no poder moverme como lo hago habitualmente. Me cuesta soltarme.

Muchas veces me resulta difícil saber por qué estoy nervioso exactamente, o por qué siento presión. He podido identificar algunos detonantes, que, no es que me hagan sentir muy orgulloso pero que son; – que me creo superior a mi oponente porque supuestamente he entrenado más que él o porque ¨soy bueno¨ -. Y esos pensamientos ignorantes me ponen en una situación donde solo puedo perder. Porque si gano, ¿es porque debería haber ganado, no? Con el tiempo me he dado cuenta y he podido poner los pies en el suelo. Ahora la presión que tengo es el miedo a no poder darlo todo e irme insatisfecho. Es una presión más sana pero no la domino todavía. También me salen deseos de superar a mis compañeros y sobrepasarlos. Estos pensamientos también me afectan en cuanto a crear expectativas.

Creo que solo he tenido 2 o 3 competiciones sin presión en toda mi carrera deportiva de alto rendimiento. Todas las demás competiciones vienen acompañadas de una sensación difícil de replicar. La presión para mí ha tenido mil caras diferentes y no siempre negativas. De mi experiencia he aprendido que el tipo de presión depende de dónde vienen mis deseos y expectativas. En mi caso, yo he generado mucha presión por motivaciones internas, expectativas que se autoalimentan en mi cabeza y me ponen en una situación incómoda”.

Este relato pertenece a un deportista de alto rendimiento sobre su vivencia más personal, de lo que significa vivir una competición desde el punto de vista más íntimo, siendo afectado por lo que se conoce como “competir bajo presión”. 

Siendo claros, no hay fórmulas mágicas para competir sin presión, ésta existe desde el momento en que nosotros percibimos que nuestro objetivo (lo que queremos) es importante para nosotros, y, por lo tanto, percibimos un riesgo en esa situación (sea consciente o no). Pero que no exista fórmula mágica para competir sin presión, no significa que no se pueda lidiar con ella, solo hay que conocer un poco sobre el tema para poder generar nuestras propias herramientas, ¡vamos con ello!

  1. Conoce la presión: ésta no deja de ser una respuesta (natural) del cuerpo ante lo que hemos percibido como una amenaza, como el estrés, de hecho, son lo mismo. 
  2. Conoce los detonantes que la generan: éstas pueden ser debidas por ejemplo en estas grandes dimensiones:
    1. Incertidumbres. Generan un elevado nivel de impredecibilidad en el futuro a corto plazo. Esto lleva a experimentar unos niveles tanto de presión como de ansiedad elevados, y éstos dificulta el rendimiento en cualquier área. Por ejemplo, la incertidumbre que genera la pandemia, hace que no podamos planificar casi nada, por lo que la sensación de descontrol, presión y ansiedad puede ser alta.
    2. Un autoconcepto desvirtuado. Si la percepción de mi mism@ es irreal, y por ejemplo me creo que estoy en un determinado nivel superior al que en la actualidad estoy, puede ser generador de presión (y posterior de frustración).Expectativas propias irreales. Está relacionado con el anterior punto. En función de mi autoconcepto desarrollo una expectativa que puede estar alejada de la realidad. 
    3. Querer cumplir con las expectativas de otras personas. Ésta es de las que más presión ocasiona. Verse “obligado” a agradar a terceras personas (padres, hermanos, entrenadores, etc.).
    4. Autoexigencia desvirtuada. Es obvio que, si mi autoconcepto está desvirtuado, lo que yo me exija a mí mismo también va a estarlo, por lo que exigirme por encima de lo que pueda dar, además de presión tendremos que convivir con la frustración.
    5. Objetivos irreales. Si mi autoconcepto está desvirtuado, mis expectativas irreales y mi autoexigencia es demasiado, lo normal es que la base de mi motivación (los objetivos) también falle. Por lo que mis objetivos van a condicionar una percepción de presión mayor o más adaptada a lo que tendría que ser en la realidad.
    6. Percepción subjetiva del objetivo. Junto a las expectativas ajenas, es de las que más presión, estrés y ansiedad generan. Si percibo (subjetivamente) que el objetivo es muy importante para mí, lo que mi cerebro entiende directamente es que hay un elevado riesgo de perder algo importante, por lo tanto, mi cuerpo actúa en consecuencia, saca todas las defensas… Haciendo imposible el rendimiento (en cualquiera de sus áreas) para conseguirlo.
  3. Conoce las consecuencias que genera: no suelen ser muy agradables, y vienen a oscilar siempre entre consecuencias cognitivas (mentales), fisiológicas o conductuales. Es importante saber de qué manera reacciono porque es vital para poder identificar el estado en el que me encuentro y así poder actuar en consecuencia. La mayor parte de las veces, hemos empezado a sentir la presión ANTES de iniciar la prueba, sea un partido, un examen, una entrevista, una cita, etc. E identificar, tanto el estado en el que estoy (que ya ayuda a no ignorarlo, que es lo que mucha gente hace), como los detonantes que me la están generando, es indispensable para poder actuar como propongo en el siguiente punto. 

Por hablar de unas cuantas consecuencias de forma concreta diría estas que son las más representativas: “dudas, desconfianza, miedo, nervios, ansiedad, pensamientos de incapacidad o inferioridad, presión en el pecho, taquicardias, palpitaciones, mareos, dolor de cabeza, hipertonía muscular (rigidez), taquipnea (dificultad para respirar), anticipación del peligro antes de que llegue, dificultad para expresarte y conductas de evitación.

  • Conoce que es mejor prevenir que curar: Tres analogías para que puedas generar tu propio plan para gestionar la presión:
  • El coche a 300km/h. No es un coche, es mi cabeza la que va a 300 por hora y soy incapaz de parar. Si un coche circula a esa velocidad y pretende frenar en medio de la curva para no tener un accidente, ya va tarde. Lo mismo ocurre con la presión, si queremos gestionarla bien, tenemos que empezar antes de que llegue la curva (reto, partido, examen, entrevista, cita, etc.). De esta forma irá gradualmente perdiendo intensidad.
    • El vidente. Todo vidente que se precie, ya conoce lo que va a pasar en el futuro, por lo tanto, es sencillo que para esa persona no existan incertidumbres. Como no tenemos una máquina del tiempo para ver qué va a suceder, es importante identificar cuáles son las incertidumbres que más nos van a preocupar y poder generar certezas. De esta forma, estaré tomando el control de una situación que hasta ahora me resultaba incontrolada, y que, por lo tanto, me afectaba. Por ejemplo, al hacer un examen casi siempre existen las mismas incertidumbres; ¿me sabré lo que pregunten? La certeza que puedo generar es estudiar y dominar el temario con un buen plan de estudio y una buena organización. Otra incertidumbre es encontrarte con preguntas que te sepas a medias o que incluso no sepas responder, bien, ¿cómo actuarías ante esa situación? Si generas un plan de acción (donde la primera acción es estudiar) que te plantee salir airoso de esa situación, habrás generado una certeza y por lo tanto un poco menos de presión.
  • Rayos ultravioletas. Si estos rayos simbolizaran la presión, qué haríamos para gestionarlos… El planeta genera, dentro de una atmósfera, unas capas de ozono que protegen a la tierra de los daños de estos rayos. Si yo soy capaz de generar mi propia atmósfera de confort, e ir dentro de ella en el día a día, es menos probable que la presión entre y afecte de una forma adversa a mi rendimiento. Dicho de otra forma, ¿qué debería contener esa atmósfera para que de verdad sintiese control? 
  • Objetivos – controlables, reales, medibles y productivos.
    • Un plan – para llevar a cabo el objetivo.
    • Una rutina – para llevar a cabo el plan.
    • Unas fechas – para llevar a cabo las rutinas.
    • Generar certezas.
    • Planes de actuación.
    • Aceptar las consecuencias que puede causar no conseguir dicho objetivo. (aceptar implica interiorizar, saberlas es muy superficial).

Sé que much@s esperan leer o escuchar en este tipo de artículos (u otros artículos de psicología) la respuesta clave para no sentir o experimentar estas sensaciones que he descrito un poco más arriba, y bien, precisamente en esa primera expectativa está escondido el primer fallo que cometemos todos. La psicología no es magia, la psicología no te va a salvar de experimentar presión, miedo, frustración, etc. Por esto mismo hay mucha gente que “no cree” en la psicología; no es un antibiótico que elimine una infección del organismo. Pero es que estos mecanismos, como el de la presión, la ansiedad o el miedo, no son ninguna infección a eliminar, son respuestas que el cuerpo tiene ante posibles peligros y que están ahí para ayudarte. Imagina por un momento que quisieras eliminar el sudor o la fiebre de tu organismo, sería nefasto para tu supervivencia. Ambos se sienten feos, pero ayudan al cuerpo. En el caso del sudor a enfriar si estamos en una temperatura alta; y en el caso de la fiebre, ayuda al cuerpo a elevar la temperatura corporal para aniquilar infecciones, virus que se han introducido en el organismo. 

El problema viene cuando estos mecanismos no nos dejan hacer una vida normal, ahí es donde la psicología (o la medicina) pueden ayudarnos. En el caso primero a dar una serie de pautas para comprender, entender cómo son estas respuestas y que podamos, posterior a su comprensión, gestionarlos de manera más adaptada. 


¿Hijo, cómo has quedado?

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“¡¡Esa derecha es una mierda!

“¡¡No te das cuenta de que contigo no quiere jugar nadie!!”

Tranquilos, si habéis vivido el tenis desde dentro, seguro que esas frases os suenan. No obstante, me gustaría explicar el por qué las muestro aquí. 

Hace no muchos días, viendo ponencias sobre psicología deportiva y psicología educativa me llamó la atención (además de las semejanzas que las unen) el número de veces que se repiten las mismas preguntas hacia los ponentes. Siendo exposiciones distintas, la gran parte del público (padres y madres asistentes, técnicos y entrenadores), deseaba conocer la receta del buen hacer para que sus hij@s o jugador@s supieran gestionar mejor la frustración, los enfados, los nervios, y más allá de las emociones, cómo construir un autoconcepto y autoestima que sirva como base para enfrentar los retos que cualquier niñ@ o jugad@r se va a encontrar en su desarrollo.

Un error que se repite mucho por parte del gran número de ponentes es, querer responder con una solución infalible y rápida… Siendo esto precisamente lo que hay que evitar. El desarrollo conlleva de tiempo, de maduración, de experiencias, de mensajes y aprendizajes. Por lo que lo único que podemos prometer es, que si quieres conseguir resultados, tienes que darte mucho margen de tiempo (dependerá del ritmo de desarrollo de cada persona), y, sobre todo, conocer los factores que van a influir en el desarrollo del niñ@ o del  jugad@r, y que van a dejarle una huella imborrable sobre la cual sentará en su mayoría los principios de los que estábamos hablando en el párrafo anterior. 

Cierto es que es normal buscar esa rapidez en el proceso… Cada vez es más notable la tendencia general de la sociedad hacia el consumismo, el resultadismo, cubriendo las necesidades de una forma inmediata, sin respetar los procesos naturales. Y, sin embargo, las exigencias a las que nos enfrentamos, demandan una serie de valores y virtudes que no están siendo promocionadas. Desde el punto de vista únicamente deportivo, se suele exprimir a los jugadores desde una especialización temprana (para hacerlos campeones desde pequeños) que en el «mejor» de los casos, «solo» dejaría secuelas físicas en forma de lesiones crónicas. 

Siguiendo una analogía sencilla, se estaría siguiendo un método que sería el de arrojar huevos contra una pared. Solo porque algunos no se rompieron en el proceso no significa que sea la mejor manera de desarrollar tenistas (y personas). 

Decía al principio que, “conocer los factores que van a influir en el desarrollo del niñ@ o del  jugad@r” es uno de los principios básicos para tener éxito por el camino, asegurándonos un crecimiento y un desarrollo favorables. 

Uno de esos factores, que además está en la mano de todos nosotros (padres, entrenadores, monitores…), es el FEEDBACK (que vamos a dar en función de una conducta, actitud, acción o una reacción) sobre la persona. Feedback es el mensaje (que traspasa) escondido que hay en nuestra comunicación con el niño, bien sea directa o indirectamente, bien sea verbal o no verbal, en forma de pregunta o en forma de afirmación u opinión. Por ejemplo, si mi hij@ llega a casa y le pregunto: “¿Hij@, cómo has quedado?”, y sin quererlo, el mensaje que la persona está recibiendo es: que lo importante es el resultado. En sí parece una pregunta inocente, pero como digo, sin quererlo, estamos modificando el foco atencional del jugador.

Como la atención se rige por preferencias, gustos, educación, necesidades… estamos, sin quererlo, enfocando al niñ@ en algo que no va a poder controlar 100% (el resultado en un deporte de oposición), lo que hará con total seguridad que su gestión emocional sea más deficitaria a la hora de manejar frustración, ansiedad e ira. Sin quererlo podemos entorpecer el buen desarrollo en el que la persona pone su atención en el proceso de hacer las cosas (que sí es controlable) y que además de generar menor frustración, ansiedad e ira, éstas, las canalizará de forma más productiva. Bien, esto que era tan solo un ejemplo para ver: “cómo impacta en la gestión emocional y solución de problemas, un determinado tipo de feedback en el desarrollo de una persona en formación”, no sería comparable a los efectos que podría tener en los pilares más básicos de una persona, su autoconcepto y su autoestima.  

Los padres son parte decisiva en este proceso del que también participan los técnicosDesde Alantenis entendemos y aceptamos tal responsabilidad. De hecho, podéis echarle un vistazo a nuestra metodología de trabajo, publicada en la revista de la Escuela este pasado mes de noviembre (pág. 33).

Como decíamos con anterioridad, el feedback es algo que, desde la perspectiva, tanto de un padre como de un entrenador, han de saber manejar a la perfección. El mensaje que arrojamos puede afectar al autoconcepto y autoestima del niño, generando un desarrollo condicionado por ello. Puedes generar conductas más adaptadas como por ejemplo; aprendizaje, valores privados, confianza, foco atencional puesto en el proceso, o por el contrario también puedes generar; creencias limitantes, baja autoestima, expectativas erróneas, etc.

El feedback debe de ser lo más aséptico posible. Sin etiquetas y sin juicios de valor. Lo único criticable siempre debería de ser la actitud, porque no nos olvidemos, nadie quiere hacerlo mal aposta (bastante tienen con haber fallado). Por ejemplo, en las dos frases que cogimos de ejemplo al principio del artículo, los mensajes subliminales que la persona estaría recibiendo serían: 

Si nadie quiere jugar conmigo será que soy alguien con quien nadie quiere estar (generando un autoconcepto equivocado de sí mismo y un déficit en su autoestima).

Si mi derecha es una mierda, con todo lo que me estoy esforzando, no vale de nada que me esfuerce, no valgo para esto (atacas al autoestima directamente, a su concepto del trabajo y del esfuerzo con el riesgo de que termine dejando de jugar, cogiendo miedo).

Además, estaríamos mandando estos otros mensajes:

  • Es normal lastimar a alguien que te importa.
  • La única forma de canalizar un enfado es a gritos.
  • Los errores merecen un castigo.
  • Hay que obedecer por miedo, no por convicción.

Si cada vez que la persona falla le pegas una bronca, terminará más motivado por evitar el error que por aprender. En cambio, si cada vez que falla le haces preguntas para que descubra en qué se ha equivocado y pueda mejorar, entenderá que el error le ayuda a seguir aprendiendo y mejorando. 

Olvidar que cada gesto, cada palabra, junto con el lenguaje corporal que le acompañemos (aunque no haya mensaje), lleva implícito un mensaje que calará (sobre todo de entrenadores y padres) e influirá en el desarrollo del autoconcepto, autoestima, gestión del error y en la gestión emocional en un futuro, será como hipotecar el desarrollo y la estabilidad de cualquier persona. 

Me gustaría terminar con la respuesta que lanzó uno de los ponentes que tuve la ocasión de escuchar hacia la reflexión de un padre al finalizar: 

Padre: “A mí me han gritado y pegado de pequeño y no tengo ningún trauma. Creo que estamos sobreprotegiendo a los niños de hoy en día”

Ponente: “Que usted no identifique como trauma las señales que le han dejado debido a aquellas prácticas, no implica que no las haya, no traumas, si no consecuencias en otros sentidos, por ejemplo:  Hemos normalizado ante la sociedad, el no pedir ayuda (porque no sabemos cómo), que perder el control es normal, la competición insana, juzgar a los demás, la agresión y la sumisión, la idea de la venganza… Sin señalar que existen muchísimos adultos con falta de empatía, autoexigencia desmedida, con miedo al rechazo, sin conectar con sus emociones, e incluso, en algún caso, con cierta envidia hacia los hijos”

Al final, la respuesta a lo que se planteaba en el segundo párrafo (esa receta del buen hacer), y a parte de otras prácticas, sería:

  • Respetar el proceso de maduración.
  • Cuidar el feedback, evitando que lo que vayas a decir dañe autoestima, autoconcepto o genere presión o amenaza. 

¡¡Nosotros ya lo hacemos!!

¡¡Puedes ver cómo en la revista de la Escuela!!

ENSEÑAR – JUGAR – EDUCAR – FORMAR


HABLEMOS DE LA FRUSTRACIÓN

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“Está usted a punto de ser devorado por un dinosaurio”

Si tuviera la habilidad de escoger la emoción adecuada para afrontar esta situación, ¿cuál le daría más probabilidades de sobrevivir?

  • Alegría.
  • Sorpresa.
  • Miedo.

Si usted ha elegido “alegría” o “sorpresa” (por muy buenas que estén consideradas), no creo que haya durado mucho su aventura con el dinosaurio. 

Según la psicología conductual, no habría emociones buenas o malas, existen emociones útiles o no útiles, depende del contexto. Esto quiere decir que estaríamos cometiendo un error al catalogar o adjetivar una emoción por el mero hecho de cómo sea la intensidad de lo que ésta nos provoque. 

¡Las emociones son adaptativas! 

Esto significa que están ahí para ayudarnos a crecer, a madurar, a aprender y por lo tanto a desarrollar nuestro potencial, alguna incluso nos protege ante posibles peligros potenciales 😉  Por ejemplo, el miedo; que es una emoción primaria, y si seguimos el método de categorizar por “buena” o “mala”, estaría considerada una emoción negativa, y, sin embargo, para escapar del escenario dinosaurio, necesitamos al miedo, con el miedo, la sangre se dirige a la musculatura de piernas y brazos, preparándonos para huir o pelear. Nos hace más fuertes y más resistentes ante la posible amenaza, con lo que aumentan las probabilidades de seguir con vida (y el dinosaurio con hambre). Con la alegría no habríamos tenido opción (y el dinosaurio habría saciado su apetito). 

En este caso aprendemos que el miedo sirve para mantenernos a salvo. Pero, por ejemplo, qué aprendemos de la frustración, que además es una emoción que sentimos mucho en este deporte. La mayoría de la gente la suele evitar, incluso la teme, por lo que huye de ella, o genera distintas formas de manejarla que son bastante propias: chillar, tirar raquetas, insultarse, pegar pelotazos, etc. No creo que sea la forma adecuada de tratarla, ya existen otros métodos que nos desconcentran menos. 

El primer paso es aceptar lo siguiente, que si aparece es por algo, que ignorarla no funciona, y que funciona mucho menos si me peleo con ella (gritando, por ejemplo). 

El segundo paso que debemos dar es entender que el motivo adaptativo de que exista la frustración está en su mayoría en el concepto aprendizaje (por lo menos en el deporte). Mientras que unas personas usan estas experiencias para enriquecerse y crecer, otras las evitan y se hunden. 

El tercer paso sería realizar una función preventiva. Para que la intensidad de la ira y decepción que experimentamos no nos nuble la visión general. Para hacer un ejercicio de prevención, tenemos que conocer los principales motivos de frustración deportiva (también nos sirven en el día a día), que son los siguientes:

  • Nos frustramos al intentar controlar cosas que son incontrolables. Como, por ejemplo, quejarse de la suerte del rival, del viento, o del público. Si aprendemos a enfocarnos en lo que depende de nosotros para rendir bien, la frustración por este lado va a estar controlada.
  • Nos frustramos cuando nos exigimos cosas que están por encima de nuestro nivel. Quizá porque alguien nos ha dicho que somos demasiado buenos. Y si soy tan bueno, ¿por qué fallo? Pues porque AÚN no eres tan bueno amigo. Estás aprendiendo, y del error se aprende mucho. Regula tu visión sobre el nivel que tienes y qué debes esperar y exigirte. 
  • Nos frustramos porque muchas veces las expectativas no se han cumplido, y no se han cumplido porque esperabas ganar, y no has ganado porque en un deporte de oposición no juegas solo, entonces, el resultado es incontrolable (fíjense en el primer punto de por qué nos frustramos). Céntrate en disfrutar, en esforzarte, en superarte y correr a todas las bolas. Eso SÍ es controlable y depende de ti al 100%.
  • Nos frustramos cuando fallamos muchas veces o no sale algo a la primera (o a la segunda). Es normal fallar, recuerda que AÚN no eres lo suficientemente bueno. El error solo te está mandando un mensaje: “quizá tienes que cambiar algo de lo que estás haciendo”. Hazle caso y busca. 
  • Y, por último, nos frustramos y lo pasamos muy mal cuando la realidad no se parece en nada a lo que yo me había imaginado. Cuando yo me he hecho a la idea de algo y ese algo no es como yo había imaginado, vendrá esa sensación. La prevención aquí es sencilla, ojo con lo que imaginamos, no demos nada por hecho (por ejemplo: “ya he ganado el partido”, cuando todavía me queda jugar el segundo set entero). 

Si entendemos la frustración como una emoción más que nos pretende ayudar a superar situaciones complicadas, estaremos haciendo una lectura correcta. 

Generar patrones de respuesta ante situaciones difíciles, hacer un ejercicio de prevención colocando objetivos de rendimiento para el partido y sabiendo que si fallamos es porque hay algo que debo cambiar, y convertirlo en un reto a superar, nos ayuda a manejar la frustración.

Gritos, insultarme, tirar o romper raquetas, pegar pelotazos, normalmente no funciona. No caigan en esa trampa, porque entonces:

LA FRUSTRACIÓN SE VUELVE FRUSTRANTE



CUANDO GANAR ES PERDER

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En este último año, muchos han sido los padres que me han preguntado por un tema, que, lejos de ir mejorando, va a peor. Es un tema relacionado con la educación, con el crecimiento y maduración de los niños que empiezan y realizan deporte, y que, las situaciones que se viven muchos fines de semana indican que no hay una mejora.

La pasión (mal entendida en todo su concepto) en el tenis, se ha convertido por desgracia en algo típico en las pistas de muchos partidos de fin de semana (sean promociones o futures).

No se puede dar la espalda a una situación que cada vez se vuelve más insostenible. Y es que el deporte, el tenis en concreto, es un vehículo extraordinario para educar disfrutando, para formar en valores de una forma lúdica y sobre todo significativa. La práctica deportiva en la infancia ofrece grandes beneficios, tanto físicos como psicológicos; sin embargo, y pese a todas estas ventajas, esto no suele importar cuando mi hijo (de la edad que sea) juega el fin de semana. Lo único que parece importar es conseguir la victoria, aplastar al rival, que no me robe el árbitro y que mi hijo juegue todo el partido como si fuera una máquina.

Causa y genera mucha tristeza ver cómo el tenis se está convirtiendo en escenario de este tipo de situaciones.

Buscamos que nuestros hijos sean felices, disfruten, aprendan a esforzarse, a sacrificarse, a ser constantes, que aprendan el valor de las cosas y a comportarse como es debido (según la situación). Bien, el deporte es una de las mejores herramientas para conseguirlo. En lugar de eso, se suele utilizar como válvula de escape (frustraciones en adultos), orgullo mal proyectado, o aquellos que buscan en su hijo/a una oportunidad de algún tipo (económica o emocional).

Los mensajes que mandamos cuando son jóvenes (en comunicación verbal como no verbal, o en actos), educan, generan emociones, forjan autoestimas, forman creencias y construyen sistemas de valores, donde se sustenta la personalidad que definirá a la persona en un futuro.

Dicho de otra manera, si quieres ayudar a tu hijo/a, y que éste consiga madurar de una manera deseable, debemos tener cuidado con el lenguaje verbal y no verbal, y, sobre todo, con el ejemplo que demos en su presencia.

Cosas que tu hijo/a espera de ti:

  • Que seas un Modelo de Conducta Ejemplar. Eres un ejemplo para su forma de entender el mundo y comunicarse con él. Se sentirá orgulloso.
  • Que respetes a toda la comunidad deportiva: entrenadores, compañeros, otros padres, etc. Le enseñas a relacionarse con otros agentes. Conducta social.
  • Que animes y sonrías mientras le ves jugar. Le haces entender que lo importante es el proceso, no el resultado. Les enseñas a disfrutar del deporte.
  • Que le demuestres que estás orgulloso, que se lo hagas saber (independientemente del resultado). De esa forma construyes autoestima. No únicamente cuando gana.

Cosas que tu hijo/a no espera de ti:

  • Que te enfades y chilles si falla. Si cuando tu hijo/a, alumno/a falla, le pegas una bronca, terminará más motivado por evitar el error que por aprender.
  • Que des instrucciones. Generas confusión.
  • Que le lleves la contraria al entrenador. Le quitas autoridad. Le ayudas a no respetar esa figura. Generas inseguridades.
  • Que insultes, agredas o tengas faltas de educación. Les estás enseñando que, comportarse de esa forma es una manera lícita de hacerlo. Por lo que estás influyendo en su autocontrol.
  • Decirles que lo hagan mejor. Ellos ya lo están haciendo lo mejor que pueden. Generas impotencia y frustración.

Cuando GANAR de esta forma ahora, es PERDER en un futuro a largo plazo.

EDUCAR – DISFRUTAR – FORMAR

Javier Ayuso


Nuevo Departamento de Psicología y Pedagogía de la Escuela

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Desde el Nuevo Departamento de la Escuela, el Departamento de Psicología y Pedagogía deportivas, nos gustaría daros la bienvenida al nuevo curso que comienza. Esperamos que juguéis, disfrutéis, y aprendáis al mismo tiempo (¡que sí, que es posible!)

Como primera entrada de la temporada que se inicia, nos gustaría explicaros por un lado en qué consiste la psicología del deporte.

Spoiler: No estás “loco” por acudir, pedir consejo o entrenar con uno. Solo significa que quieres mejorar 🙂

La Psicología del Deporte es una rama más de la Psicología General. Se centra en tres aspectos formales:

  1. Atención Formativa. En Universidades, escuelas, especializaciones, etc.
  2. Atención en Investigación. Con estudios e investigaciones.
  3. Atención Aplicada. Con DEPORTISTAS – PADRES – ENTRENADORES.

Nosotros nos centramos en la tercera atención, la APLICADA, el objetivo es entrenar las habilidades mentales que influyen en el rendimiento deportivo del tenista (concentración, atención, motivación, gestión de las emociones, gestión de pensamientos, modificación de la conducta, etc.).

La más conocida de las tres atenciones, la APLICADA, es desde la que actuamos ¿cómo trabajamos para ayudar al jugador y que éste se beneficie de este entrenamiento?

 

¿CÓMO TRABAJAMOS?

Lo primero de todo es conocer la problemática a la que nos enfrentamos. Y que los jugadores experimentan, bajando, o incluso empeorando, su rendimiento y desempeño en una pista de tenis.

La problemática que se observa suele ser de este tipo:

  • Jugador@s que no saben enfrentar los fallos.
  • Jugador@s que no saben gestionar los estados emocionales alterados, como por ejemplo la frustración, el miedo, la ira y la ansiedad.
  • Jugador@s que pierden la concentración en mitad del partido.
  • Jugador@s que no saben afrontar una crisis de juego.

Este tipo de problemática lo que genera es una serie de consecuencias, que suelen ser de este tipo:

  • Pensamientos negativos.
  • Rigidez muscular.
  • Malestar y mareos.
  • Pérdida de confianza.
  • Pérdida de sensaciones (“estoy atrapad@”).
  • Mala actitud.
  • Decisiones equivocadas.

La metodología que usamos tiene su aplicación en las CAUSAS que generan dichos problemas, en el origen que forma dicha problemática.

Normalmente las causas de estos comportamientos tienen su origen en dos principales factores:

  • Sistema de Valores.
  • Sistema de Creencias.

Muy a menudo nos olvidamos de que el jugador es un ser humano. Damos por hecho que el rendimiento en el deporte es simplemente cuestión de si uno es bueno o no, de la suerte. Nada más lejos. Un tenista además es una persona. Los jugadores piensan, sienten y actúan… Por lo tanto, su desempeño en el deporte viene marcado por todo ello.

Trabajamos para cambiar la forma en la que interpretan su deporte, cambiando su relación con él. Y la forma de interpretar dicho, dependerá de las creencias y valores que conformen la persona.

 

Los BENEFICIOS de entrenar la mente en el deporte:

Cuando entrenamos a un jugador lo hacemos en base a unos márgenes de mejora. Por ejemplo, un jugador con 16 años tiene más margen de mejora a nivel físico que uno con 34, lo cual hará que ésta mejora física optimice su rendimiento en el campo de juego.

Veamos esta gráfica: un jugador a lo largo de su carrera deportiva suele entrenar un mínimo de unas 10.000 horas, que están invertidas de la forma en la que aparece en la gráfica. La mayor parte de las horas de entrenamiento suelen hacerse a nivel técnico y táctico.

Por lo tanto, tenemos;

A un jugador bien armado técnica y tácticamente, con flaquezas físicas, y bastantes carencias mentales, sin herramientas ni recursos para enfrentar las situaciones a las que nos va a exponer el propio deporte. Y entonces nos encontramos con que en situaciones críticas del juego, el jugador se encuentra desarmado.

Luego entonces podemos afirmar que, entrenando la parte mental del tenista, estamos trabajando para mejorar y aportar en la optimización de los márgenes de crecimiento.

 

Los BENEFICIOS de entrenar la mente del DEPORTISTA:

Las habilidades que entrenamos son extrapolables a la vida ordinaria, académica y posteriormente laboral. Por lo que, a fin de cuentas, también es un entrenamiento para la vida. Modificando las creencias limitantes y forjando un buen sistema de valores, logramos dotar de herramientas hábiles y útiles para el desempeño de la vida después de finalizar el periodo deportivo.

Saber focalizar en lo que es controlable, saber adaptarnos a lo que no depende de nosotros, y aprender a disfrutar para lograr el mejor de los rendimientos en una pista es el objetivo que perseguimos con el entrenamiento mental. Logrando dejar a un lado la perspectiva resultadista que genera la mayoría de los problemas.

Esperamos hayáis llegado al final del artículo con ganas de seguir leyendo más, ya que en el próximo artículo explicaremos las labores de la pedagogía dentro del departamento. Y por supuesto, el proyecto “Victoria Privada” como nueva metodología.

Estaremos a disposición del que quiera consultar cualquier duda, aclaración o simplemente pedir consejo.

 

¡Os deseamos un magnífico curso!

 

Departamento de Psicología y Pedagogía del Deporte

Javier Ayuso.


VICTORIA PRIVADA VS VICTORIA PÚBLICA

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En Mayo del 2017 se hizo público un estudio que arrojó luz a uno de los interrogantes más repetidos en la historia del tenis.

Muchas veces nos hemos preguntado por qué un jugador reacciona luchando, peleando y sabiendo sufrir ante un reto complicado, y otro, ante el mismo reto, se viene abajo, protestando, quejándose y buscando excusas. ¿Por qué este tipo de comportamientos?

Lo que muchas veces genera expectación o incertidumbre, es conocer o entender los motivos por los que dos jugadores ante un mismo reto van a reaccionar de forma distinta.

Bien, como ya podíais adivinar, la respuesta está en el cerebro. Os alegrará conocer que no venimos predeterminados (genéticamente) para desarrollar una u otra forma de afrontar los retos, más bien lo determinante (una vez más) está en la Educación, no en la genética.

La responsable del estudio es la psicóloga de la Universidad de Stanford, Carol Dweck. A través de un experimento concluyó que existen dos tipos de mentalidades:

  1. Mentalidad Fija: Estas personas creen que el éxito depende de las habilidades innatas, y padecen urticaria ante cualquier error. “Si no se ha nacido con dichos dones, ¿para qué intentarlo?”.
  2. Mentalidad de Crecimiento: Las personas con esta mentalidad piensan que el éxito depende del esfuerzo, del trabajo o de sudar la camiseta.

Pero bien, ¿dónde se supone que empieza a forjarse cada uno de los tipos de mentalidad? La respuesta; A lo largo de la primera y segunda infancia y la adolescencia.

El Aprendizaje Vicario (por imitación) es el responsable de buena parte de la educación de los niños. Siempre se ha dicho que era bueno reforzar en estos años la autoestima con el verbo “ser”, ser guapo, ser listo, ser inteligente, ser gracioso… Sin embargo, la neurociencia ha comprobado que personas que habían recibido este tipo de refuerzo, eran más propensos a desarrollar una mentalidad fija. “Si no soy lo suficientemente bueno como para afrontar este reto, ¿para qué intentarlo?”. El refuerzo en valores de superación desarrolla con más probabilidad una mentalidad de crecimiento.

De hecho, Jason S. Moser y sus colegas en la Universidad de Michigan State han descubierto qué nos ocurre en nuestro cerebro cuando nos enfrentamos a una equivocación. Dependiendo de si nuestra mentalidad es de aprendizaje o fija, la actividad neuronal ante un error será más activa o menos. En otras palabras, cuando pensamos que podemos aprender, si nos equivocamos, se despierta un intenso baile neuronal para identificar causas, patrones o aprendizajes que nos sirvan para un futuro (color rojo de la imagen). Sin embargo, si nuestra mentalidad es fija, ante una equivocación, echaremos balones fuera, nos justificaremos con mil y un argumentos y nuestra actividad neuronal para encontrar razones para el aprendizaje quedará un tanto dormida (color verde). Y todo ello no depende de la edad. Según Dweck, el 40 por ciento de las personas tienen “mentalidad de crecimiento”; otro 40 por ciento, su “mentalidad es fija” y el resto, dependiendo del momento.

A lo largo de todo el desarrollo de la Master Cup nos habéis visto entregar medallas al esfuerzo, humildad, diversión, entrega, etc. Dichas medallas puntuaban para el ranking general. Detrás de estos gestos había una razón pedagógica. Lo que pretendíamos era fomentar precisamente esos valores, para ayudarles a desarrollar una mentalidad de crecimiento en un futuro.

En las charlas previas a la Master Cup lo titulamos Victoria Privada frente a Victoria Pública. Tratábamos de explicar con ejemplos, que para conseguir un éxito público (un punto, un juego, un set o un partido) primero debemos conseguir un éxito privado. Con esto ayudamos a que los niños enfoquen en lo que depende de ellos para poder conseguir el objetivo que quieran. La sociedad en la que vivimos es demasiado resultadista, y esto precisamente juega en contra del proceso de aprendizaje y desarrollo. Cuando se celebra más una victoria que un esfuerzo, cuando lo único que se premian son los resultados, o la habilidad que se tenga, el niño a través del aprendizaje vicario aprende a que eso es lo adecuado, lo importante, focalizando en el final del proceso en lugar del proceso en sí que le llevaría a conseguir las metas.

Premiando y monetizando estos valores logramos que los niños den valor y comiencen a enfocarse en lo necesario para conseguir las cosas. Los estamos ayudando a crear enfoque en esa victoria privada, les estamos enseñando a que detrás de un éxito hay esfuerzo, tropiezos, resiliencia, tiempo y constancia. Porque cuando se necesita el esfuerzo, es mejor tenerlo entrenado.

Así podemos concluir que, la diferencia entre afrontar retos (a nivel actitudinal) como Nadal y no como Kyrgios está en la forma en la que hayamos educado o reforzado los atributos actitudinales que ayudan a la consecución de los mismos (esfuerzo, humildad, sacrificio, disciplina, etc.).

 

Como decía Woody Allen, “Me llevo 10 años conseguir éxito de la noche a la mañana”