¿Hijo, cómo has quedado?

¿Hijo, cómo has quedado?

Category:Articulos psicologia,Psicologia

“¡¡Esa derecha es una mierda!

“¡¡No te das cuenta de que contigo no quiere jugar nadie!!”

Tranquilos, si habéis vivido el tenis desde dentro, seguro que esas frases os suenan. No obstante, me gustaría explicar el por qué las muestro aquí. 

Hace no muchos días, viendo ponencias sobre psicología deportiva y psicología educativa me llamó la atención (además de las semejanzas que las unen) el número de veces que se repiten las mismas preguntas hacia los ponentes. Siendo exposiciones distintas, la gran parte del público (padres y madres asistentes, técnicos y entrenadores), deseaba conocer la receta del buen hacer para que sus hij@s o jugador@s supieran gestionar mejor la frustración, los enfados, los nervios, y más allá de las emociones, cómo construir un autoconcepto y autoestima que sirva como base para enfrentar los retos que cualquier niñ@ o jugad@r se va a encontrar en su desarrollo.

Un error que se repite mucho por parte del gran número de ponentes es, querer responder con una solución infalible y rápida… Siendo esto precisamente lo que hay que evitar. El desarrollo conlleva de tiempo, de maduración, de experiencias, de mensajes y aprendizajes. Por lo que lo único que podemos prometer es, que si quieres conseguir resultados, tienes que darte mucho margen de tiempo (dependerá del ritmo de desarrollo de cada persona), y, sobre todo, conocer los factores que van a influir en el desarrollo del niñ@ o del  jugad@r, y que van a dejarle una huella imborrable sobre la cual sentará en su mayoría los principios de los que estábamos hablando en el párrafo anterior. 

Cierto es que es normal buscar esa rapidez en el proceso… Cada vez es más notable la tendencia general de la sociedad hacia el consumismo, el resultadismo, cubriendo las necesidades de una forma inmediata, sin respetar los procesos naturales. Y, sin embargo, las exigencias a las que nos enfrentamos, demandan una serie de valores y virtudes que no están siendo promocionadas. Desde el punto de vista únicamente deportivo, se suele exprimir a los jugadores desde una especialización temprana (para hacerlos campeones desde pequeños) que en el «mejor» de los casos, «solo» dejaría secuelas físicas en forma de lesiones crónicas. 

Siguiendo una analogía sencilla, se estaría siguiendo un método que sería el de arrojar huevos contra una pared. Solo porque algunos no se rompieron en el proceso no significa que sea la mejor manera de desarrollar tenistas (y personas). 

Decía al principio que, “conocer los factores que van a influir en el desarrollo del niñ@ o del  jugad@r” es uno de los principios básicos para tener éxito por el camino, asegurándonos un crecimiento y un desarrollo favorables. 

Uno de esos factores, que además está en la mano de todos nosotros (padres, entrenadores, monitores…), es el FEEDBACK (que vamos a dar en función de una conducta, actitud, acción o una reacción) sobre la persona. Feedback es el mensaje (que traspasa) escondido que hay en nuestra comunicación con el niño, bien sea directa o indirectamente, bien sea verbal o no verbal, en forma de pregunta o en forma de afirmación u opinión. Por ejemplo, si mi hij@ llega a casa y le pregunto: “¿Hij@, cómo has quedado?”, y sin quererlo, el mensaje que la persona está recibiendo es: que lo importante es el resultado. En sí parece una pregunta inocente, pero como digo, sin quererlo, estamos modificando el foco atencional del jugador.

Como la atención se rige por preferencias, gustos, educación, necesidades… estamos, sin quererlo, enfocando al niñ@ en algo que no va a poder controlar 100% (el resultado en un deporte de oposición), lo que hará con total seguridad que su gestión emocional sea más deficitaria a la hora de manejar frustración, ansiedad e ira. Sin quererlo podemos entorpecer el buen desarrollo en el que la persona pone su atención en el proceso de hacer las cosas (que sí es controlable) y que además de generar menor frustración, ansiedad e ira, éstas, las canalizará de forma más productiva. Bien, esto que era tan solo un ejemplo para ver: “cómo impacta en la gestión emocional y solución de problemas, un determinado tipo de feedback en el desarrollo de una persona en formación”, no sería comparable a los efectos que podría tener en los pilares más básicos de una persona, su autoconcepto y su autoestima.  

Los padres son parte decisiva en este proceso del que también participan los técnicosDesde Alantenis entendemos y aceptamos tal responsabilidad. De hecho, podéis echarle un vistazo a nuestra metodología de trabajo, publicada en la revista de la Escuela este pasado mes de noviembre (pág. 33).

Como decíamos con anterioridad, el feedback es algo que, desde la perspectiva, tanto de un padre como de un entrenador, han de saber manejar a la perfección. El mensaje que arrojamos puede afectar al autoconcepto y autoestima del niño, generando un desarrollo condicionado por ello. Puedes generar conductas más adaptadas como por ejemplo; aprendizaje, valores privados, confianza, foco atencional puesto en el proceso, o por el contrario también puedes generar; creencias limitantes, baja autoestima, expectativas erróneas, etc.

El feedback debe de ser lo más aséptico posible. Sin etiquetas y sin juicios de valor. Lo único criticable siempre debería de ser la actitud, porque no nos olvidemos, nadie quiere hacerlo mal aposta (bastante tienen con haber fallado). Por ejemplo, en las dos frases que cogimos de ejemplo al principio del artículo, los mensajes subliminales que la persona estaría recibiendo serían: 

Si nadie quiere jugar conmigo será que soy alguien con quien nadie quiere estar (generando un autoconcepto equivocado de sí mismo y un déficit en su autoestima).

Si mi derecha es una mierda, con todo lo que me estoy esforzando, no vale de nada que me esfuerce, no valgo para esto (atacas al autoestima directamente, a su concepto del trabajo y del esfuerzo con el riesgo de que termine dejando de jugar, cogiendo miedo).

Además, estaríamos mandando estos otros mensajes:

  • Es normal lastimar a alguien que te importa.
  • La única forma de canalizar un enfado es a gritos.
  • Los errores merecen un castigo.
  • Hay que obedecer por miedo, no por convicción.

Si cada vez que la persona falla le pegas una bronca, terminará más motivado por evitar el error que por aprender. En cambio, si cada vez que falla le haces preguntas para que descubra en qué se ha equivocado y pueda mejorar, entenderá que el error le ayuda a seguir aprendiendo y mejorando. 

Olvidar que cada gesto, cada palabra, junto con el lenguaje corporal que le acompañemos (aunque no haya mensaje), lleva implícito un mensaje que calará (sobre todo de entrenadores y padres) e influirá en el desarrollo del autoconcepto, autoestima, gestión del error y en la gestión emocional en un futuro, será como hipotecar el desarrollo y la estabilidad de cualquier persona. 

Me gustaría terminar con la respuesta que lanzó uno de los ponentes que tuve la ocasión de escuchar hacia la reflexión de un padre al finalizar: 

Padre: “A mí me han gritado y pegado de pequeño y no tengo ningún trauma. Creo que estamos sobreprotegiendo a los niños de hoy en día”

Ponente: “Que usted no identifique como trauma las señales que le han dejado debido a aquellas prácticas, no implica que no las haya, no traumas, si no consecuencias en otros sentidos, por ejemplo:  Hemos normalizado ante la sociedad, el no pedir ayuda (porque no sabemos cómo), que perder el control es normal, la competición insana, juzgar a los demás, la agresión y la sumisión, la idea de la venganza… Sin señalar que existen muchísimos adultos con falta de empatía, autoexigencia desmedida, con miedo al rechazo, sin conectar con sus emociones, e incluso, en algún caso, con cierta envidia hacia los hijos”

Al final, la respuesta a lo que se planteaba en el segundo párrafo (esa receta del buen hacer), y a parte de otras prácticas, sería:

  • Respetar el proceso de maduración.
  • Cuidar el feedback, evitando que lo que vayas a decir dañe autoestima, autoconcepto o genere presión o amenaza. 

¡¡Nosotros ya lo hacemos!!

¡¡Puedes ver cómo en la revista de la Escuela!!

ENSEÑAR – JUGAR – EDUCAR – FORMAR