HABLEMOS DE LA FRUSTRACIÓN

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HABLEMOS DE LA FRUSTRACIÓN

“Está usted a punto de ser devorado por un dinosaurio”

Si tuviera la habilidad de escoger la emoción adecuada para afrontar esta situación, ¿cuál le daría más probabilidades de sobrevivir?

  • Alegría.
  • Sorpresa.
  • Miedo.

Si usted ha elegido “alegría” o “sorpresa” (por muy buenas que estén consideradas), no creo que haya durado mucho su aventura con el dinosaurio. 

Según la psicología conductual, no habría emociones buenas o malas, existen emociones útiles o no útiles, depende del contexto. Esto quiere decir que estaríamos cometiendo un error al catalogar o adjetivar una emoción por el mero hecho de cómo sea la intensidad de lo que ésta nos provoque. 

¡Las emociones son adaptativas! 

Esto significa que están ahí para ayudarnos a crecer, a madurar, a aprender y por lo tanto a desarrollar nuestro potencial, alguna incluso nos protege ante posibles peligros potenciales 😉  Por ejemplo, el miedo; que es una emoción primaria, y si seguimos el método de categorizar por “buena” o “mala”, estaría considerada una emoción negativa, y, sin embargo, para escapar del escenario dinosaurio, necesitamos al miedo, con el miedo, la sangre se dirige a la musculatura de piernas y brazos, preparándonos para huir o pelear. Nos hace más fuertes y más resistentes ante la posible amenaza, con lo que aumentan las probabilidades de seguir con vida (y el dinosaurio con hambre). Con la alegría no habríamos tenido opción (y el dinosaurio habría saciado su apetito). 

En este caso aprendemos que el miedo sirve para mantenernos a salvo. Pero, por ejemplo, qué aprendemos de la frustración, que además es una emoción que sentimos mucho en este deporte. La mayoría de la gente la suele evitar, incluso la teme, por lo que huye de ella, o genera distintas formas de manejarla que son bastante propias: chillar, tirar raquetas, insultarse, pegar pelotazos, etc. No creo que sea la forma adecuada de tratarla, ya existen otros métodos que nos desconcentran menos. 

El primer paso es aceptar lo siguiente, que si aparece es por algo, que ignorarla no funciona, y que funciona mucho menos si me peleo con ella (gritando, por ejemplo). 

El segundo paso que debemos dar es entender que el motivo adaptativo de que exista la frustración está en su mayoría en el concepto aprendizaje (por lo menos en el deporte). Mientras que unas personas usan estas experiencias para enriquecerse y crecer, otras las evitan y se hunden. 

El tercer paso sería realizar una función preventiva. Para que la intensidad de la ira y decepción que experimentamos no nos nuble la visión general. Para hacer un ejercicio de prevención, tenemos que conocer los principales motivos de frustración deportiva (también nos sirven en el día a día), que son los siguientes:

  • Nos frustramos al intentar controlar cosas que son incontrolables. Como, por ejemplo, quejarse de la suerte del rival, del viento, o del público. Si aprendemos a enfocarnos en lo que depende de nosotros para rendir bien, la frustración por este lado va a estar controlada.
  • Nos frustramos cuando nos exigimos cosas que están por encima de nuestro nivel. Quizá porque alguien nos ha dicho que somos demasiado buenos. Y si soy tan bueno, ¿por qué fallo? Pues porque AÚN no eres tan bueno amigo. Estás aprendiendo, y del error se aprende mucho. Regula tu visión sobre el nivel que tienes y qué debes esperar y exigirte. 
  • Nos frustramos porque muchas veces las expectativas no se han cumplido, y no se han cumplido porque esperabas ganar, y no has ganado porque en un deporte de oposición no juegas solo, entonces, el resultado es incontrolable (fíjense en el primer punto de por qué nos frustramos). Céntrate en disfrutar, en esforzarte, en superarte y correr a todas las bolas. Eso SÍ es controlable y depende de ti al 100%.
  • Nos frustramos cuando fallamos muchas veces o no sale algo a la primera (o a la segunda). Es normal fallar, recuerda que AÚN no eres lo suficientemente bueno. El error solo te está mandando un mensaje: “quizá tienes que cambiar algo de lo que estás haciendo”. Hazle caso y busca. 
  • Y, por último, nos frustramos y lo pasamos muy mal cuando la realidad no se parece en nada a lo que yo me había imaginado. Cuando yo me he hecho a la idea de algo y ese algo no es como yo había imaginado, vendrá esa sensación. La prevención aquí es sencilla, ojo con lo que imaginamos, no demos nada por hecho (por ejemplo: “ya he ganado el partido”, cuando todavía me queda jugar el segundo set entero). 

Si entendemos la frustración como una emoción más que nos pretende ayudar a superar situaciones complicadas, estaremos haciendo una lectura correcta. 

Generar patrones de respuesta ante situaciones difíciles, hacer un ejercicio de prevención colocando objetivos de rendimiento para el partido y sabiendo que si fallamos es porque hay algo que debo cambiar, y convertirlo en un reto a superar, nos ayuda a manejar la frustración.

Gritos, insultarme, tirar o romper raquetas, pegar pelotazos, normalmente no funciona. No caigan en esa trampa, porque entonces:

LA FRUSTRACIÓN SE VUELVE FRUSTRANTE