CUANDO GANAR ES PERDER

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CUANDO GANAR ES PERDER

En este último año, muchos han sido los padres que me han preguntado por un tema, que, lejos de ir mejorando, va a peor. Es un tema relacionado con la educación, con el crecimiento y maduración de los niños que empiezan y realizan deporte, y que, las situaciones que se viven muchos fines de semana indican que no hay una mejora.

La pasión (mal entendida en todo su concepto) en el tenis, se ha convertido por desgracia en algo típico en las pistas de muchos partidos de fin de semana (sean promociones o futures).

No se puede dar la espalda a una situación que cada vez se vuelve más insostenible. Y es que el deporte, el tenis en concreto, es un vehículo extraordinario para educar disfrutando, para formar en valores de una forma lúdica y sobre todo significativa. La práctica deportiva en la infancia ofrece grandes beneficios, tanto físicos como psicológicos; sin embargo, y pese a todas estas ventajas, esto no suele importar cuando mi hijo (de la edad que sea) juega el fin de semana. Lo único que parece importar es conseguir la victoria, aplastar al rival, que no me robe el árbitro y que mi hijo juegue todo el partido como si fuera una máquina.

Causa y genera mucha tristeza ver cómo el tenis se está convirtiendo en escenario de este tipo de situaciones.

Buscamos que nuestros hijos sean felices, disfruten, aprendan a esforzarse, a sacrificarse, a ser constantes, que aprendan el valor de las cosas y a comportarse como es debido (según la situación). Bien, el deporte es una de las mejores herramientas para conseguirlo. En lugar de eso, se suele utilizar como válvula de escape (frustraciones en adultos), orgullo mal proyectado, o aquellos que buscan en su hijo/a una oportunidad de algún tipo (económica o emocional).

Los mensajes que mandamos cuando son jóvenes (en comunicación verbal como no verbal, o en actos), educan, generan emociones, forjan autoestimas, forman creencias y construyen sistemas de valores, donde se sustenta la personalidad que definirá a la persona en un futuro.

Dicho de otra manera, si quieres ayudar a tu hijo/a, y que éste consiga madurar de una manera deseable, debemos tener cuidado con el lenguaje verbal y no verbal, y, sobre todo, con el ejemplo que demos en su presencia.

Cosas que tu hijo/a espera de ti:

  • Que seas un Modelo de Conducta Ejemplar. Eres un ejemplo para su forma de entender el mundo y comunicarse con él. Se sentirá orgulloso.
  • Que respetes a toda la comunidad deportiva: entrenadores, compañeros, otros padres, etc. Le enseñas a relacionarse con otros agentes. Conducta social.
  • Que animes y sonrías mientras le ves jugar. Le haces entender que lo importante es el proceso, no el resultado. Les enseñas a disfrutar del deporte.
  • Que le demuestres que estás orgulloso, que se lo hagas saber (independientemente del resultado). De esa forma construyes autoestima. No únicamente cuando gana.

Cosas que tu hijo/a no espera de ti:

  • Que te enfades y chilles si falla. Si cuando tu hijo/a, alumno/a falla, le pegas una bronca, terminará más motivado por evitar el error que por aprender.
  • Que des instrucciones. Generas confusión.
  • Que le lleves la contraria al entrenador. Le quitas autoridad. Le ayudas a no respetar esa figura. Generas inseguridades.
  • Que insultes, agredas o tengas faltas de educación. Les estás enseñando que, comportarse de esa forma es una manera lícita de hacerlo. Por lo que estás influyendo en su autocontrol.
  • Decirles que lo hagan mejor. Ellos ya lo están haciendo lo mejor que pueden. Generas impotencia y frustración.

Cuando GANAR de esta forma ahora, es PERDER en un futuro a largo plazo.

EDUCAR – DISFRUTAR – FORMAR

Javier Ayuso