OBITUARIO: Jefe o la eternidad ganada.

OBITUARIO: Jefe o la eternidad ganada.

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He tenido que esperar el fin de semana para poder dedicar mi pequeño homenaje. Cualquier cosa que escriba va a resultar insignificante para lo que nos has ofrecido a lo largo de este camino.

Se que estos días las lágrimas y dolor han copado todos nuestros pensamientos pero seguro que, desde hoy, todos los recuerdos que tenemos de ti irán acompañados no solo de una sonrisa, sino del orgullo de haberlos compartido.

Anécdotas, millones, que no cabrían en la Biblioteca Nacional, nos acompañarán allá donde tus hijos nos juntemos. Ellos quedan para nuestro interior, nuestro espacio cerrado e inaccesible al que solo permitimos entrar a aquellos que, como tú, lo merecen.

Me gustaría que este minúsculo homenaje sirva para acercar tu persona a aquellos que, por miedo o ignorancia (estos pueden ser lo mismo en multitud de ocasiones), no quisieron conocer al hombre detrás de tu imagen.

Si. Tú imagen. Dura, cortante, imponente. Es lo que tiene conocer el peso de la responsabilidad que uno tiene sobre sus hombros. La responsabilidad de una disciplina autoimpuesta porque, tú mejor que nadie, conocía esa necesidad para enorgullecer y elevar a los más altos estandares el deporte y profesión que ha sido, y por el que has dado, todo. Todo.

La lealtad a tus ideas te hizo ganar detractores… QUE LES DEN!! Agradecidos tenían que estar de recibir tus sabios consejos para que no perdieran su tiempo. Ciegos de arrogancia acudían a ti a preguntar y escuchar algo para lo que no estaban preparados para escuchar. Y, al igual que iban, volvían: ciegos de arrogancia.

Su exigencia en el trabajo nacía de la autoexigencia impuesta. Esa que, como la disciplina, sabía de su absoluta necesidad para el éxito. El exigía con el ejemplo, el demostraba con el ejemplo, no con palabras. Y eso hace imposible entender el tenis de otra manera que como el la veía.

Pero creo que en una cosa se equivocaba: intentó crearnos, a sus hijos, a su imagen y semejanza, con la idea de que fuésemos como el. Queria que fueramos mejores para nuestra realización profesional y personal. Y lo hemos intentado pero… IMPOSIBLE. Ni en un millón de vidas ni en infinidad de planetas podremos ser como tú. Podemos imitar tus enseñanzas, intentar seguir todos tus consejos, pero jamás podremos alcanzar lo que tú has logrado siguiendo unos criterios de sencillez y perseverancia.

Y tras todo esto, lo humano. Y aquí ya hablo a título personal.

Me has llevado de la mano desde que era un adolescente hasta convertirme en la persona que soy. Y si, si creo que tengo mucho de ti. Tantas horas juntos habrán hecho que algo se me pegara. No tengo la sangre, no tengo el apellido (no soy Martínez) pero tengo la sensación que a veces no se donde empieza lo tuyo y donde lo mío.

Has sido mi escudo. Has sido mi protector en mis momentos más complicados. Has sido mi calma, mi impulso. Has sido mi guía y mi conductor. Me has dado tu confianza plena.

Me has defendido , me has regañado, me has enseñado…más de lo que podría pensar ese primer día que te conocí. Y también me has enfadado. Si, también. Pero siempre venias después de la tormenta a darme un soplo de paz.

Has sido mi isla de tranquilidad. Sabías, te envidio por ello, como llegaba cada tarde, detectabas mis estados de ánimo, y siempre tenías una palabra de oxígeno para mí.

Hasta aceptaste mi barba sin afeitar porque decías que era al único que le quedaba bien!!!. Eso ha sido uno de tus mayores avances…

Solo puedo darte las gracias por abrirme las puertas de tu cariño, adoptarme como uno más de los tuyos, y ayudarme en todo lo que he necesitado. Solo espero que te hayas sentido orgulloso de lo que he intentado hacer, con mis defectos, pero con la mayor de mis fuerzas.

Ahora, a descansar. Te lo has ganado. Me dejas huérfano (soy 2 veces huérfano). Pero era tu momento de parar.

Pon orden ahí arriba. Que lleguen puntuales los profes. Los de atrás de la fila que no jueguen con la pared. Tira bien abierta la pelota y lanza más despacio. Recoge pelotas juntos a ellos….y así hasta la eternidad. Y si alguno no vale, nos lo mandas aquí abajo para que no moleste.

Como decías siempre, ahora te ha tocado cruzar el río en ese puente.

Cuídate. Te veo.

K.P.