Mi primer año lejos de casa

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Mi primer año lejos de casa

UNA EXPERIENCIA PERSONAL de mi primer año lejos de casa.

¿Quién no ha soñado con ser famoso? ¿A quién no le gusta que se le reconozca lo que hace bien? Dime, ¿acaso no es alucinante poder hacer lo que amas cada día?

Esta ha sido la recompensa a más de 15 años de compromiso con Alantenis; un buen nivel competitivo en yenis y  una beca para competir y estudiar en una universidad americana (SCAD ATL UNIVERSITY).

Recuerdo el verano pasado, esperando que me confirmasen mi plaza en esta universidad con la que había soñado de forma obsesiva los últimos meses. Miraba en su página web las noticias que ponían cada día, buscaba información en internet, hablaba con gente que ya estaba en esa universidad hasta que una mañana de agosto, me quedé sin palabras.
Recibí un correo de la propia universidad en el que el decano, gracias a mi nivel de tenis y los méritos académicos, me concedía la beca con la que he conseguido numerosos éxitos tanto profesionales como personales; algunos de los cuales quiero contaros a continuación.

Supuestamente las vacaciones se me habían terminado, pero comenzaba algo que para mí era muchísimo más que un nuevo año. Era comenzar una aventura, un sueño.

Tras volar durante 10 horas y recoger las maletas, era curioso como a pesar de estar muy lejos de Madrid, de mi Chamar, me sentía como en casa.
Esperé durante casi 4 horas a que mi compañero de equipo viniera a recogerme y por larga que fuese la espera, la verdad es que me dio igual. No podía parar de observarlo todo ¡incluso las monedas de cambio de un bocadillo que compré donde pude! Era para mi algo completamente alucinante.

Tuve la suerte de entrar ese mismo día en la residencia a pesar de que estuviese cerrada a los alumnos y te preguntarás por qué, simplemente por el hecho de ser un student-athlete. Por ser parte del equipo de la universidad, y qué quieres que te diga, me sentí muy bien.

Como a todos nos ha pasado, los cambios ni son fáciles, ni difíciles, son raros, y así me sentí las primeras semanas, pero es cierto que todos aquellos que estaban a mi lado, estaban ahí para proporcionarnos estabilidad. El director deportivo, los entrenadores de otros equipos, mi coach sobre todo, nos hizo a todos los atletas tener un ambiente de familia realizando actividades en equipo las cuales incluso un año más tarde recuerdo con total frescura.

Se me presentaba un año lleno de retos y aventuras, tenía muchas ganas de disfrutar al máximo. El Coach me sienta en una mesa y me pone los objetivos, los cuales él mismo considera por encima de lo exigible para un freshman y me pide que juntos lleguemos a cumplirlos. No os penséis que lo que más le importaba era que ganásemos…

Tenía un orden de prioridades. Lo primero los estudios. ¡Me ha exigido incluso más que mis padres o profesores durante toda mi vida! Y aunque fuese duro, se lo agradezco.

Lo segundo era mi desarrollo como jugador y persona dentro y fuera de pista. Él quería ver un progreso tanto mental, como tenístico, como físico en sus jugadores. Y por último las victorias y clasificaciones.

Las buenas y malas rachas que he tenido este pasado año me han dado cosas tan importantes como el desarrollo de una personalidad más disciplinada y trabajadora, crecer como atleta y también victorias personales y profesionales.

Gracias al esfuerzo que me llevó a América y el que realice durante todo este primer año, he conseguido hazañas como por ejemplo, tener cuadros propios en exposiciones del más alto nivel académico, entrar en la lista de honor del decano durante un año consecutivo gracias a haber mantenido un GPA del 4.0 (lo que sería en España una matrícula de honor en todas las asignaturas) y éxitos como ser considerado el mejor jugador del equipo de tenis y el Freshman del año de todos los atletas de mi universidad. Mi ambición no para ahí ya que, por un partido de diferencia no pude ser el mejor jugador de mi conferencia, ahora bien, como me dijo un buen amigo mío: “Todos necesitamos una historia que poder contar”.

Así que con esta línea cierro el comienzo de una de las etapas más bonitas de mi vida.

Siempre defendiendo de dónde vengo, quién soy, qué y quién quiero ser y, sobre todo, agradeciendo de corazón lo que Alantenis me ha enseñado desde los 4 años y lo que el Chamar me han dado.

Ernesto Sanz Martínez
Agosto 2019