Israel Nájera Aliende

Israel

Israel Nájera Aliende

Datos Personales:

  • Israel Nájera Aliende
  • Fecha de nacimiento 24/3/1978

Datos profesionales:

  • Titulación:
    • Monitor Nacional de Tenis RFET
  • Experiencia profesional docente:
    • 14 años
  • Otros estudios / titulaciones:
    • Licenciado en Filosofía

Erase una vez un hombre a una raqueta pegado

¡Hola a todos! Soy Israel Nájera y actualmente trabajo en una de las mejores escuelas de tenis de España y por lo tanto del mundo.

Empecé a jugar al tenis con diez años en la escuela municipal de Logroño, rompiendo así la tradición familiar de jugar a pelota a mano, un deporte tradicional de la zona de donde proviene toda mi familia: Tricio y Nájera. De este modo, me convertí rápidamente en el flojo que jugaba al tenis, un deporte un poco elitista y en el que no te destrozabas las manos. Pero una cosa es lo que uno hace y otra diferente es cómo lo hace, rápidamente me di cuenta de que me gustaba esforzarme hasta que no podía más, eso era lo que me hacía sentir bien. Me encantaba batirme el cobre en la pista, dejar ahí toda mi energía y exprimir hasta la última gota de sudor. Y ese estilo me dio buenos resultados y me permitió sufrir y disfrutar a partes iguales un deporte que sin darme cuenta había impregnado toda mi vida.

foto tenis  mia blanco y negoLo cierto es que no fui un Rafa Nadal, aunque era capaz de competir bastante bien y ganar más partidos de los que me hubiera correspondido en función de mi técnica y mi talento natural. Yo iba a jugar al tenis con mi padre, con una de mis hermanas y con mi vecino y amigo del alma, entrenábamos muchas horas juntos, mi padre me tiraba bolas y también se ponían dos en un lado de la pista, mientras yo estaba en el otro siguiendo todas, incluso las que se iban por mucho. Nos enfadábamos, nos reíamos, intentábamos mejorar nuestra técnica imitando a los tenistas de la tele, jugábamos muchos torneos, hablábamos de tenis a todas horas, nos relacionábamos con gente del tenis e incluso mi madre y mi otra hermana sufrieron lo que pasó a convertirse en una pequeña obsesión.

También recibí clases en grupos y más tarde, cuando todos lo habían dejado, alguna clase particular. Lo cierto es que cuando empecé y hasta que tuve dieciséis años en Logroño hubo un buen nivel de tenis, junto a mí entrenaba el campeón de España y subcampeón de Europa, con lo que proclamarse campeón de La Rioja no estaba fácil. También hubo bastante nivel por los alrededores, País Vasco, Navarra y Aragón. Esa circunstancia me permitió mejorar rápidamente, conseguí estar entre los cien mejores de España con diecisiete años, ganar el ansiado Campeonato de La Rioja absoluto, así como muchos otros torneos.

Pero por esas fechas casi ninguno de mis compañeros seguía jugando al tenis, incluso mi hermana también lo dejó pronto, lo que me hizo tener que entrenar bastante solo y no ser capaz de mejorar mi nivel. Siempre digo que a los diecisiete años me estanqué, aunque curiosamente es cuando me aventuré a jugar algún circuito satélite, en los que no obtuve grades resultados. Seguí jugando hasta los veintidós años, mejoré algo, coincidí con una gran generación: Ferrero, Martín, Feliciano, Verdasco, Robredo, etc. Aunque digamos que les vi pasar a mi lado como cuando voy conduciendo tranquilamente por la autopista con mi cochecito y me adelanta un Ferrari. En esa época había muchos Ferraris por el circuito español.

Yo me dediqué más a los nacionales, ya que muchas veces me pagaban el alojamiento y además podía sacar un poco de dinero extra que me permitía seguir viajando. Durante varios años compartí aventuras con José Luis Maté. Hubo momentos en los que disfruté bastante y otros en los que estaba hasta el gorro. A los veintidós años comencé a trabajar como profesor de tenis en Logroño y desde los veintitrés hasta los treinta y uno lo hice en Salamanca, al mismo tiempo que estudié filosofía. Empecé dando clases en urbanizaciones y trabajando para alguno de los profesores que de un modo completamente desorganizado y anárquico enseñaban a jugar a este deporte. Pero pronto inicié una escuela en un pueblito de los alrededores y en plena burbuja inmobiliaria me llamaron para que me encargara de la escuela de Carbajosa de la Sagrada, un municipio cercano a Salamanca que en diez años había pasado de tener quinientos habitantes a diez mil. Llamé a Juanjo, el amigo con el que tantas horas había pasado hasta hacía cinco años. Él ya no estaba en este mundillo, pero rápidamente cambió el chip, nos hicimos con tres escuelas municipales, teníamos trescientos alumnos, contratamos a varios monitores y al final alquilamos una instalación propia, constituimos nuestra empresa y el Club Deportivo Grand Slam.

Eso duró hasta 2009, año en el que a mí me apetecía cambiar de aires, nuestro club funcionaba de un modo digno, pero sin grandes alardes. Habíamos decidido permanecer en nuestra instalación y dejamos el resto de escuelas, no nos gustaba estar en muchos sitios a la vez. Pero lo cierto es que Salamanca es una ciudad difícil para montar un negocio. Yo llevaba con la mujer de mi vida desde el segundo mes en el que llegué a Salamanca, pero no habíamos vivido juntos ni un solo año hasta la fecha. Ella llevaba varios años viviendo y trabajando en Madrid y yo decidí que era un buen momento para cambiar de aires y venir a la Big City. Algo que tampoco me emocionaba al principio, ya que siempre he pensado que la vida es más fácil en una ciudad pequeña.

Lo cierto es que Madrid me sorprendió positivamente, aquí hemos acabado casi todos aquellos que compartimos piso y vida en Salamanca, la gente de Madrid te incluye rápidamente en su círculo, todo el mundo está deseoso de relacionarse. Desde luego, si me tengo que quedar con algo de Madrid, es con la gente. Pero siguiendo con el tenis, que es por lo que estoy en este sitio web, otro de mis grandes amigos, el compañero con el que viajé y entrené desde los diecinueve años hasta los veintidós, les habló bien de mí a los Martínez y comencé a trabajar en la Escuela del Club de Tenis Chamartín. Aquí he aprendido mucho de Antonio Martínez, el hombre con la seriedad más entrañable que he conocido en mi vida, al que curiosamente le acabas agradeciendo cada reprimenda. Antonio lleva en el Chamartín más tiempo que los árboles, cuando habla todos nos callamos, cuando hace un chiste todos nos reímos, cuando nos echa la bronca todos refunfuñamos hacia dentro. Es un tipo que no te puede dejar indiferente, con una raqueta en la mano te muestra una vida, es honesto y sincero a partes iguales, si ve algo que no le gusta en su escuela no se puede callar, te guste o no tendrás que escucharle. En mi vida como entrenador de tenis Antonio me ha regalado un doctorado mediante pinceladas, cada día una diferente. Es una persona que dignifica a quien le rodea.

Pero en la escuela del Club de Tenis Chamartín no solo está Antonio, hay muchos otros profesores, muy buenos profesores, cada uno con su estilo, con su historia y con su vida. La escuela es un mural vivo, que va cambiando año tras año, todo el que pasa por ahí deja una pequeña parte de sí, Antonio pone las notas comunes y Alberto lo va redecorando día tras día, Alberto es el movimiento, el cambio, el frenesí y Antonio la imperturbabilidad, la calma y la ironía. Me gusta la gente que trabaja en la escuela, me caen muy bien, aprendo de todos y yo seguro que también les aporto alguna cosilla. Yo soy como un gato, siempre voy a mi ritmo, aunque nunca me voy muy lejos, soy como los gatos en la mitología egipcia, estoy aquí y en el más allá, pienso en tenis y pienso en la vida, en el mundo, en el cariño, en los detalles, en el silencio que hay entre las palabras. Eso es lo más difícil de describir, pero cada día que pasa me siento tan cómodo entre las palabras de mis compañeros como entre el silencio. No sé si todos son conscientes de ello, pero un poquito de cada uno de nosotros quedará en los demás, en los alumnos y en los profes, como bien sabe Keko “Aliquid mei semper maneuit”.